Escudo de la Universidad de Guadalajara

Triunfan bandas sinfónicas de UdeG y UNAM en concierto de música del Segundo Imperio Mexicano

  • Concierto de Bandas Sinfónicas de UdeG y UNAM en el Teatro Degollado
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En el Teatro Degollado exhibieron portadas de partituras de canciones escritas entre 1862 y 1867

Carlota, la mujer educada para gobernar, no conoció la intimidad. La ausencia de Maximiliano fue un padecimiento que la emperatriz experimentó desde antes de que el gobernante del Segundo Imperio Mexicano fuera fusilado en el cerro de las Campanas, en Querétaro; en la cama, ellos nunca se encontraron.
 
“Una tarde de abril, paseando por la Ciudad de México, escuchó la canción La paloma de Sebastián Iradier. La nostalgia de su letra y la cadencia de su ritmo rindieron por completo a la soberana, quien a partir de ese momento solicitaba que la cantaran en todos los bailes a los que se presentaba, como un mensaje del amor que parecía no llegar a su destino”, relató la investigadora Adriana Ruiz Razura, previo a la interpretación de esta canción.
 
La noche de ayer miércoles 23 de agosto, en el Teatro Degollado, las bandas sinfónicas de la Universidad de Guadalajara y de la UNAM revivieron canciones escritas durante la intervención francesa que no eran escuchadas desde hace 150 años. A dicho repertorio le fue añadido el tema La paloma, como una conmemoración a la emperatriz Carlota.
 
Previo a cada interpretación, la coordinadora de la maestría en Gestión y Desarrollo Cultural del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), doctora Ruiz Razura, transportó a los asistentes al pasado. Las partituras de la década de 1860 que encontró en la biblioteca de la Universidad de Rice, en Texas, no sólo sonaron, sino que fueron aderezados por las anécdotas que remontaron al momento en que fueron escritas e interpretadas.
 
Los cañonazos sonaban cada quince minutos en la capital del país, desde que se dio la noticia de que el presidente Benito Juárez había muerto, hasta el momento en que fue sepultado en el Panteón de San Fernando.
 
Quienes se reunieron en aquel cementerio en 1872, escucharon la marcha fúnebre llamada La tumba de Juárez, estruendosa y melancólica obra escrita por Antonio Pacheco, que ayer estremeció a los tapatíos que se congregaron a las 20:00 horas en el Degollado.
 
“La trascendencia de este concierto es que se toca música que hace 150 años no se escuchaba, escrita por autores mexicanos y austriacos, y que es un reflejo de la sociedad que se vivió entre 1862 y 1867”, compartió Ruiz Razura.
 
Previo a la velada, en el vestíbulo del Degollado, fueron expuestas las portadas de las partituras que la académica descubrió, llenas de arte pictórico que remitían a la esencia nacionalista, y que después fueron derivadas al Departamento de Música del CUAAD para la creación de este espectáculo que mereció un lleno en este inmueble del Centro tapatío
 
La cantante soprano María de Jesús Herrada López –quien dio voz a la plegaria Dios salve a la nación, escrita por María Garfias– dijo que, tras la emoción, fue una gran experiencia compartir el escenario con músicos maravillosos.
 
“El reto vocal se enfocó en la interpretación de canciones que no habíamos escuchado y que solamente estaban plasmadas en las partituras. Que al escucharse conmueven, llenan y hacen sentir”, añadió.
 
Abraham Palomino, estudiante de Negocios Internacionales en el CUCEA y quien tiene un año de formar parte de la Banda Sinfónica de la UdeG, dijo que la experiencia fue inolvidable porque el trabajo de tocar música de sus antepasados, que marcó la historia, es un gran honor.
 
Polcas, mazurcas, marchas imperiales y fúnebres del pasado pusieron a prueba el talento de los más de 90 músicos, compuesto de estudiantes de ambas universidades, así como del Ensamble “Hortus Músicos” y cuatro cantantes de ópera.
 
El éxito se logró, el público conoció la música imperial hecha en el país y su agradecimiento fue reflejado de pie, con aplausos que duraron varios minutos y con el grito de “¡Viva México!”.
 
 
A T E N T A M E N T E
"Piensa y Trabaja"
Guadalajara, Jal., 24 de agosto de 2017

 
Texto: Iván Serrano Jauregui
Fotografía: Abraham Aréchiga